Me gusta dormir. Las persianas de mi cuarto siempre estan cerradas como pellejo de elefante. Me gusta así para que al mediodía mi cuarto pueda recrear la oscura tibieza de una madriguera de lémures. Y dentro de ese tibio vientre dormía hasta hace un rato cuando mi cel comenzó a sonar. ¿Quién caraj… Una amiga… No mires, no mires o va a darse cuenta de que la dejaste en visto. Pero miro. La curiosidad puede más que el sueño.

Me cuenta que tiene un amiga que está depre. Quiere recomendarle un libro. ¿Qué libro le recomiendo, peke? Csm. No es la primera vez que alguien me hace esa pregunta. En mi cabeza empieza a sonar la vieja canción de Serú Girán ♪ Quisiera una canción para un amigo ♫ que no puede salir de la melancolía eterna de sufrir ♪ de amorrr. Porque es de amor. Seguro que es por amor. Y pienso también: qué suerte la de esa chica, tener una amiga que ande buscando libros para ponerla contenta. Cuando yo era chibolo y me deprimía no tenía amigos, solo tenía alcohol xD No, mentira, tenía amigos alcohólicos, que no es lo mismo pero es igual.

Bueno, estaba a punto de mandarle el pack… Lo preparé la primera vez que me dijeron: peke, tengo una amiga que está depre. Esta bien pe’ ctm le dije esa vez, ya mucho selfie calato, mucha frase motivacional con tu frapuccino de starbucks… Hay que irse a la mierda de vez en cuando, chupar tequila en el boulevard de los sueños rotos, vomitar en la esquina del desengaño y agarrarse a cabezazos contra el poste de la duda existencial. Es así o no se aprende nada de la vida.

Oye tu eres malo no? a ti te pegaban de chiquito con el cable de la plancha, no?

– Ya, toma tu PACK motivacional y no me jodas. Les pasaba a los cronopios y los famas, a Charlie Brown y al negro Fontanarrosa para que se les remecieran las tripas de la risa. Pero nunca me gustó esa solución fácil. Era como tirarles tres kilos de cachorritos bulldog encima. A veces pensaba: weón, recomiéndales el principito, tal vez no se le quite la depre a su amiga pero a Antoine de Saint-Exupéry si.

Así que hoy, bueno, hoy todavía no le he respondido a mi amiga. La he dejado en visto y me he quedado pensando, Qué libros leo yo cuando estoy triste? Y la verdad es esta, flaca: cuando estoy triste leo libros tristes. La náusea, por ejemplo, la leí en la época más dura de mi vida: pobre, solo y sin trabajo. Y encima Sartre me venía a contar que agarraba una cuchara y sentía que la cuchara lo tocaba, que las cosas tenían como un melancolía pegajosa que reptaba hasta nosotros. La náusea de vivir. Loco, yo estaba en chancay: el sol, el mar y Sartre me venía con cojudecez… Y yo lo leía… Me iba a un parque y leía en vez de irme a la playa a decirle a la primera chica que se me cruzara: vocé é a coisa mais linda que eu já vi passar. Nunca estuve tan triste como en chancay.

No sé… Tal vez es como eso que dicen: Misery loves company. O tal vez es otra cosa. Pero una de las mejores noches de mi vida la pasé leyendo mi libro favorito en voz alta. Lo leí solito desde la página 1 hasta la 174. Me paseaba por la sala, por la cocina. En una mano llevaba el libro y en la otra un vaso de ron. Me creía Orson Welles o Jake LaMotta leyendo Shakespeare en la primera escena de Raging Bull. ¿Y sabes de qué trata ese libro de mierda? De un pendejo que está tan harto del mundo que se encierra en su cuarto a escuchar música. Ese libro es lo que leo cuando estoy triste. Que masoquista, dirás… Pero no… Lo que pasa es esto: Me gusta saber que alguien más entiende que el mundo es una cosa espantosa y que a veces solo queremos encerrarnos a escuchar música. Es la misma razón por la que me gustabas cierta chica… creía que yo amaba sus piernas y su sonrisa porque yo las mordía desesperado, pero no era eso. Era que algo en ella que había estado roto. Era una islita del caribe devastada por un huracán. Y se había levantado. Había sorteado la gran ola y estaba del otro lado, frente a mí.

No, loca, no hay libros felices para escapar de la depresión. Es solamente la confirmación de que, como decía el tango: el mundo fue y será un porquería, el pan sube de precio, la gente se muere de frío, fumar da cáncer, nos hacemos viejos, llenamos de plástico el mar y de asientos vacíos nuestro corazón. Pero en medio de todo eso -cada día- alguien escribe una canción y hornea pan y baila en su sala vacía, y cuando caminas por Lima, te hacen una venia los floripondios, te llama por teléfono tu mamá, alguien en el mundo piensa en ti. Así que nada, si estás depre, coge cualquier libro, coge una callecita por tu casa, coge un puente, una piedrita, una persona cualquiera y mírala. Mírala hasta que te des cuenta que todos tenemos una esquina rota. Pero en esa esquina rota están sentadas las ganas. Las ganas de morder y de cantar y de salir a cagarla nuevamente. Porque como decía Vallejo: Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir.

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