Como si se pudiera elegir en el amor… como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Se trata de bailar, de cantar, de andar descalzo, de dormir hasta tarde, de compartir vasos y comidas, de llorar, de discutir, de viajar lejos y no querer volver, de sentirnos volar, de abrazar, besar, tocar y volver a abrazar, de hablar por los codos, de imaginar futuros a años luz de distancia.

Se trata de permitirnos equivocarnos, de apostar a lo incierto, de desafiarse a uno mismo. Porque, a fin de cuentas, el amor siempre ha sido un salto al vacío. Nadie nos da las garantías ni nos lee los derechos, aunque muchas veces sentimos que nos rige un contrato invisible.

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