Llantos ahogados por la almohada que anoche actuaba de confesor de nuestros suspiros. 

Gritos que son amortiguados por unas paredes, que anoche dejaban que nuestras voces retumbaran hasta algunos oídos curiosos y envidiosos. 

Lamentos que se escapan por la ventana meciendo la cortina por la que anoche traspasaba la luz de la luna. Una luna brillante, risueña, curiosa… incluso hasta burlona, ella sabía lo que iba a pasar, sabía que cuando desapareciese todo lo demás desaparecería con ella.

Desapareciendo la magia, desapareciendo el amor, desapareciendo tú…

…Y ahora, desapareciendo yo consumido en polvo que sobrevuela esta habitación…

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