Despues de esta semana de vaivienes me doy cuenta que a todo se acostumbra uno, y si es a algo bueno, se acostumbra con mucha mas rapidez.

ELLA me ha acostumbrado a unas 4 o 5 llamadas diarias (en los peores casos) una cuando me despierto (siempre me despierto mas tarde que ELLA) otra después de su almuerzo (normalmente antes de que me vaya a trabajar yo), y 2 o 3 por la tarde-noche.

Pues dentro del hecho de que todas las llamadas me encanten, le tengo especial cariño a las de la noche, cuando ya estoy en mi camita con la luz apagada y charlamos sobre todo tipo de cosas. Esas llamadas me vuelven loco (segun ella ya estaba asi antes de esto), hacen que me vaya a dormir con la sonrisa mas grande que tengo, entonces cobra sentido la canción kilómetros de sin bandera:

“Que todo el mundo cabe en el teléfono
que no hay distancias grandes para nuestro amor
que todo es perfecto cuando te siento
tan cerca aunque estés tan lejos”

Me doy cuenta de que soy “fácil”. Con una simple llamada se me puede hacer feliz, cuando pillo alguna diferencia (que por desgracia ya reconosco sus timbres de voz) un momento de conversación en la camita, lo puede solucionar todo.

Se que es tonto pero nunca podré explicar realmente que significan para mi esas llamadas, es como saber que día a día nos tenemos, y que somos muy importantes el uno para el otro.

Una noche sin su voz, no es noche, un despertar sin su voz de princesa matituna, no es despertar, no es empezar el día con buen pie, un después de almorzar sin ELLA, es como no saber si la comida te va a sentar bien.

Cuando los kilómetros están por medio, el teléfono se vuelve tu mejor aliado, y quien considere que hablamos mucho, que piense que ellos pueden quedar a tomar un café y el tiempo que pasen simplemente en la cafetería seguramente equivaldrá a nuestras 5 llamadas.

Realmente necesito esas llamadas, la necesito a ELLA, hay gente que considera que necesitar a alguien es de débiles, a esa gente le digo que yo nunca me avergonzare de reconocer que: LA NECESITO.

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