Cuando alguien desaparece de nuestra vida no se vuelve nada  transparente, al menos en los primeros años (mil quizas). Es un lento proceso de descomposición química, física, etílica (mas que todo esta),… El primer paso es el sfumato (lo vi ayer en la expo de Leonardo da Vinci). Los bordes se desdibujan, la persona es menos persona y más espectro. Una pena no dominar la técnica de Leo y poder “sfumatar” todo lo que se desvanece, sin aguardar uno o dos milenios.

Cuando alguien desaparece de nuestra vida, quizá nosotros nos volvamos transparentes, por eso durante mil o dos mil años no nos vemos en los espejos, no reconocemos nuestra voz, arrastramos los pies en vez de andar. Ojalá la gente se evaporara en colores vivos. Ayer lo pensé.

Cuando vea un globo volando, en todo lo alto, robado por el viento de la mano de un niño, pensaré que es otro que se va, otro espíritu que osa desaparecer, pero esta vez le seguiré con la mirada, le clavaré las pupilas hasta que no sea nada ya. Ni globo, ni ausencia. Y todo en diez o doce segundos

Sfumato express para viajeros solo ida.

Amen!!!
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