rompecabeza“Dime donde están los besos que no llegan a ninguna parte”…

De regreso de mi viaje en el cual busque de solucionar unos problemas muy poco excitantes, y con la cabeza apoyada en la ventanilla fría escuchando un bolero muy bueno… “dónde están los besos…” los ojos se me iban cerrando arrullado por el hilo musical de mi MP3″…que no llegan a ninguna parte“… hasta que sonó el celular.

El susto hizo que, al intentar buscarlo en mi mochila, parte del contenido de esta se cayera y rodase por debajo de los asientos: monedas, papeles y una rodaja de queso que llegaron hasta la pared delantera del bus. Éramos en total 6 pasajeros en el segundo piso y pude gatear a gusto recogiendo mis pertenencias, incluyendo un sobre que no reconocí. Pero es que nunca sé que llevo en mi mochila. Volví a sentarme colocándome nuevamente en su lugar”. Ahora me llegaba una música suave, romántica. Mi celular estaba sin cobertura, por lo que cómodamente abrí el sobre y comencé a leer:

“Querido mio: quiero llamarte así por última vez, aunque no debería hacerlo”…, no tenia ni la jodida idea de dónde habría salido esta carta, pero el fondo musical era perfecto …”todo fue un sueño y soy la única culpable por habérmelo creído. De haber existido un personaje como yo en una película, el final hubiese sido más que previsible. No por ello es menos duro descubrir que me has utilizado y que he sido tonta. Me encantaría poder decir que yo estaba al tanto de lo que pretendías y que en realidad quien te utilizó fui yo… pero no es verdad. Me creí dentro de un cuento hadas. En el sobre encontraras los restos del cuento, pero las hadas han huido”.

La despedida era escueta y rara. Busqué el paisaje a través de la ventana, mientras comía un galleta y volvía a mirar el sobre. Me limpié las manos antes de buscar “los restos”. Sentía una mezcla de pudor y de curiosidad. Vacié el contenido del sobre sobre mis piernas teniendo cuidado con “las pruebas”, que resultaron ser trozos de una foto. Comencé a armar el puzzle. La imágen iba tomando forma: la típica foto de pareja, un beso de lado mirando la cámara (son como la contraseña de los amantes). El tipo este tenía una cara de pendejo cuyas intenciones podían verse a kilómetros de distancia. “Elemental querido Watson”, dije nuevamente en voz alta.

Me preguntaba si la carta había llegado a su destinatario y, por descuido, se le había caído… o no. Pero el descuido podía haber sido de ella y el pendejo no conocería su contenido jamás. Dónde se irían las ilusiones de ese beso a trocitos; a ninguna parte (como la cancion). Sin pensarlo dos veces levanté la cabeza y comencé mi particular busqueda: las caras en el bus. Entregaría la carta perdida, aunque menuda joda, no sabría qué decir.

Al llegar a la estacion y tratando de comprarme un cafe lo encontré a él, con su pelo mojado, mirando la mesa con un pan entre las manos. Fui lentamente mientras iba sacando del bolsillo chico de mi mochila el sobre, como quien está a punto de desenfundar la pistola que acabará con el  asesino. Pero a medida que me iba acercando pude ver que… ¿estaba llorando? Las lágrimas se le deslizaban hasta el cuello y él no hacía nada por contenerlas.

Seguí de largo hasta la caja dejando la carta en el bolsillito. Pedí un cafe no queriendo voltear a mirar a ese individuo.

Fue más fuerte que yo: ese pendejo enamorado y arrepentido de haberle hecho lo que le hizo a esa bella joven. Aunque debo de reconocer que a veces las cosas no son tan “elementales” como parecen y que, evidentemente, las hadas están en activo.

PD. Por casi siempre que se termina una relacion, nos la agarramos con las fotos???… ellas no tiene la culpa no???

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