Escribo este post, por el el error cometido el dia miercoles, el cual “viole” uno de mis juramentos mas sagrados… 

Empecé a tomar a los 14 años aproximadamente (sacando cuentas que empezaba a ir a los Quinos), recuerdo que tenía mucha curiosidad y con unos amigos planeamos antes de una fiesta, la que iba a ser de las primeras fiesta solos, comprarnos un Vino. Iba a ser nuestra iniciación, nuestro ritual, nuestra palomillada.

El lugar elegido para comprar el trago era una bodega apodada “La bajadita”, entramos y nada caleta le dije a mi amigo delante del vendedor “¿Tú mamá dijo que vino blanco, no?” y términamos comprando una caja de Gato Blanco, que no estaba para nada helada pero igual nos los bebimos de lo más contentos.

Entramos un poco picados a la fiesta, nos habíamos tomado esa caja entre 4. En la fiesta no se vendía trago porque se supone que era fiestas para chicos/as de 14 a 17, claro que siempre se colaban chicos/as mayores de 18, pero igual la gente venía ya sazonada desde afuera.

Con el paso de las semanas queríamos seguir experimentando con el licor, comprábamos sangría y vino en “tetrapack” (aun no se le conocia con este nombre a esos envases de gatos) y nos escondíamos por los parques a tomar, a veces también en el patio de alguno, luego nuestros amigos también se dieron cuenta de lo que hacíamos y se nos unieron. De un momento a otro ya estábamos tomando ron y derivados y las cosas empezaron a degenerar.

El ron siempre me ha caído muy mal, es un trago que no va conmigo para nada y me choca bastante. Lo malo que lo tomé por lo menos 6 años. Cuando tenía diesiseis hacía demasiados papelones después de haber tomado ron a plena luz del día: me sentía culpable, me daba por pedir perdón de muchas cosas, nada graves, pero igual me salía el sentimiento de culpa por cualquier tonteria. Frecuentemente pronunciaba la frase típica de los ebrios: “Yo te quiero, eres como mi hermana(o)” , quizas las dudas existenciales y la falta de hermanos salían a flote por los efectos del alcohol (recuerden que tengo 5 hermanas mujeres y no hay figura paterna) y alguna vez salí corriendo queriendo ser “libre”, jajaja que recuerdos.

Todos decían que era un pollo, que mejor no me dieran trago pero al final siempre terminaba con el vaso en la mano. Un tiempo se me dio por sentarme ebrio en el filo de la ventana o en el borde de algún balcón. No tenía ninguna intención suicida por mi cabeza, pero en ese momento me sentía bien con mis pensamientos sentado desde lo alto. Confieso que unas cuantas veces terminaba besando a alguna amiga por embriaguez y luego al día siguiente no sabía donde meter la cara, no lo hacía siempre pero en contadas ocasiones pasó.

Se nos hizo costumbre los dos últimos años de secundaria ir a “la bajadita” los sábados por las tardes y después instalarnos en algún parque a tomar. Yo no sé como mi madre me tuvo tanta paciencia cuando llegaba oliendo a licor y recontra picado. De hecho se daba cuenta y algunas veces me llamó la atención, preveniéndome de los problemas que podrían pasar, pero igual yo tenía ese gustito por tomar que se acrecentó cuando llegué a la universidad y luego al Instituto. Lo bueno que siempre tomé rodeado de mis amigos, entonces me sentía a buen recaudo, pasándola de lo lindo.

Le dije adiós al ron después de una señora resaca a la mañana siguiente de una “encerrona de dos dias y medio” en casa de Jorge. Eso de no amanecer en casa, amanecer en casa de un amigo que después de dos dias vomitando el higado, no me parecio nada bueno.

Ahora me interesan las chelas y el vino. Sí me gusta salir a tomar aunque ya no tanto como antes, de hecho que uno la pasa “bomba” de vez en cuando con harto trago pero esto para mi no es imprescindible o si?. El pisco me gusta, pero también le tengo respeto no me tomo más de un par de chilcanos o sours, pero siempre me alejo de los famosos “Cuba libres” porque de verdad con solo verlos me da dolor de cabeza.

PD. Es por eso que no he podido postear, entre fiebre y malestar, recien vengo recuperandome… sorry Higado.

 

Anuncios