Como me sentía triste, acudí a un médico del corazón. Un especialista que, según me dijeron, curaba todas las mañas de este músculo tan relacionado al amor y al afecto. Me revisó, me hizo un electro y me preguntó muchas cosas, que minuciosamente iba anotando en una ficha en su computadora personal.

Al final me recetó unas pastillas, que presuroso fui a comprar cuando salí de su consultorio.

Con ellas iba a solucionar mi falta de afecto, de palabras cariñosas, de caricias sensuales, en fin mi falta de amor…

Pero al abrir el frasco se cayeron al suelo, y qué lástima justo se rompió la que más me hacía falta.

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No sé si me podrá hacer la receta de nuevo, porque dicen que cuando el amor se rompe no hay nada que valga. Se perdió para siempre.

PD: voy a ver que sucede si me como los pedacitos que sobraron..

 

 

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